El guion de la última sobreviviente

Abr 29, 2026 | Constelaciones

¿Qué historia te contaste?

Durante mucho tiempo, sostuve una historia que pesaba, sin darme cuenta : la de ser la mujer que se queda sola, la última de su clan. Era una responsabilidad invisible pero constante. Muchas veces caminé sin rumbo, literalmente, buscando afuera un salvavidas que me sacara de mi propia mente, de esa realidad que me contaba y que, por supuesto, tenía hechos reales que la respaldaban.

A los 31 años, cuando falleció mi padre —mi gran referente—, la pregunta se instaló como un eco: ¿Y ahora qué?. Me sentí desorientada, en ese punto de inflexión donde la vida no te da otra opción que sacar lo mejor de vos para ir hacia lo nuevo.

Pero ahora mirando en retrospección observo que este modo de pensar estuvo en reiteradas oportunidades, frente a hechos donde no sabía como seguir, donde la desorientación se instalaba; tenía miedo de perderme sinceramente. Nunca sucedió.

La foto recortada

En aquel entonces, mi cotidiano era la angustia por diversos temas a lo que se sumó la partida de mi padre, como solía decir- mi último referente. Se fue con la prolijidad de un buen virginiano —dejando sus lentes y su cigarrillo en la mesa antes de recostarse en el sillón e ir a otro plano— . Sentí que mi sostén desaparecía.

Desde la mirada sistémica, él era mi gran amigo, el de la escucha calma; con el bolso verde traía alegría, sostén a donde yo vivía con mis hij@s. Él era mi sostén, pero nos vinculábamos desde una horizontalidad que, aunque traía mucha complicidad, estaba en un lugar que no me correspondía, sin saberlo y sin culpa. Desde la mirada sistémica, hoy entiendo que estábamos en un desorden: funcionábamos como pares. Al no haber esa distancia sagrada entre el que da (el padre) y la que recibe (la hija), yo sentía que debía sostener tanto como él. Por eso, cuando se fue, no solo perdí a un padre; sentí que se desmoronaba la estructura misma de mi realidad.Yo sentía que quedaba sola, que ya no había nada, que la vida me quitaba algo, si bien desde la mente entendí su muerte.

Hoy puedo ampliar la foto. En ese momento de «soledad», me rodeaban mis hijos, mi pareja, mis vecinos, mis alumnos, mi labor en la escuela, donde oficié de sostén. Pero mi guion interno decía otra cosa. Podía enmascarar el sentir con resiliencia, pero por dentro el vacío latía. Esto sucedió en muchas oportunidades en mi vida , en una de ellas llegué a espiar a la depresión, aunque parece que ella no me quiere; mi carácter no la sostiene. Entendí, mucho después, que ese vacío quizás le pertenecía a alguien más de mi sistema, y yo solo llevaba el «traje» que el clan necesitaba que se viera.

El despertar de la mirada

Ya habían pasado unos diez años, observen que en esta época ni idea que estaba siguiendo el guion. Recuerdo un viaje de 40 minutos en colectivo para ir a mi sesión con una terapeuta psiquiatra brillante. Llegué y le solté mi verdad absoluta de aquel entonces: — Me siento sola porque no tengo familia.

Ella me miró con la sabiduría de quien sabe ver detrás del velo y me preguntó: — ¿Ah, sí? ¿Y tus hijos?

Las fichas que me cayeron me dejaron paralizada. No supe qué decir. Me hizo notar todo lo que mi ceguera emocional no me permitía ver: mi familia era grande. Y lo más fuerte: ¿qué peso les estaba cargando a mis hijos al decir que estaba sola?

Trascender el guion de la sobreviviente

¿Por qué me contaba la historia de la sobreviviente solitaria? Porque tenía sentido en mis raíces. Antes de mi padre, ya se habían ido mi hermano mellizo al poco de nacer, mi madre de crianza y mi hermana. En mi inconsciente, yo era la que «sostenía la vida», y eso se manifestaba en la frase «estoy sola».

El guion que nos narramos está ahí, aunque esté archivado. Al recrearlo y ponerle más drama, le seguimos agregando peso. Hoy te cuento esto para mostrarte que venimos a trascender vivencias propias y ancestrales, hubo años entre los hechos que tocaban este sentirse sola.

Salir de ese bucle no fue magia. Fue tomar el toro por las astas y pedir ayuda. Pasé por psicólogos, Meditación ( mi base) Chi Kung, Biodanza, médicos naturistas y convencionales; terapias de diferentes disciplinas y desde luego las Constelaciones y la Numerología.

Desde luego, que hay muchísimos más detalles que tienen que ver con esta historia, se las hice corta para que vean simplemente este patrón.

Reescribir nuestra historia no es borrar lo que dolió, es aprender a relatarlo desde un nuevo guion: uno donde ya no somos las víctimas de la soledad, sino las protagonistas de nuestra propia integración.

«El guion no se cambia borrando el pasado, sino escribiendo un nuevo final para lo que ya sucedió. Te invito a que elijas una sola de estas preguntas, la respires y dejes que la respuesta te muestre el camino hacia tu propia integración.»

  • ¿Cuál es la historia que te contás sobre vos mismo/a cuando sentís que el mundo se te viene abajo? (¿Es una historia de carencia, de abandono o de fuerza?).
  • Si hoy ampliaras la foto de tu vida, como si hicieras un «zoom «: ¿A quiénes verías en los bordes que hoy tu dolor no te deja reconocer?
  • ¿Qué palabras definen tu «guion» actual? (¿»Solo/a», «cansado/a», «responsable de todo»?). ¿Son esas palabras realmente tuyas o las heredaste?
  • ¿Qué peso le estás cargando a tus vínculos actuales (hijos, pareja, amigos) al no querer soltar tu viejo guion?
  • ¿Qué herramientas estás postergando pedir por creer que «podés solo/a»? Recordá que pedir ayuda no es debilidad, es una estrategia de vida.
  • ¿Sentís que en tus vínculos sos siempre el sostén, incluso de quienes deberían cuidarte a vos?
  • ¿Estás ocupando el lugar de hija/o o sos el ‘amigo’ y confidente de tus padres, perdiendo así tu fuerza para ir hacia la vida?»

Notas relacionadas

Raíces y Destinos

Formación en Constelaciones Familiares Un proceso evolutivo de dos años (y una etapa de integración práctica) para transformar tu mirada y acompañar la de otr@s. Este camino de transformación nace...

leer más